Especiales De las viejas canciones navideñas a los pesebres

24-12-2008 02:01 | Andrea Fajkusová

En vísperas de Nochebuena les ofrecemos este programa especial navideño durante el cual buscaremos los orígenes de los villancicos checos y también hablaremos con aficionados a pesebres.

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“Somos mensajeros de una gran alegría, nació el Rey de los cielos, hijo de la Virgen María”, ha cantado el coro Sonaglio la melodía que compuso Jan Troján Turnovský en el año 1575.

En la Edad Media los checos solían asistir durante el Adviento a misas que se oficiaban muy temprano por la mañana en honor a la Virgen. Estas misas de Adviento, llamadas en checo ´roráty´ según la palabra latina ´rorate´ (destilad el rocío), venían acompañadas con hermosos cantos. Sus letras y melodías quedaron registradas en distintos cancioneros y otros libros litúrgicos como antifonarios, graduales y misales, según señala el vicario Filip Zdeněk Lobkowicz.

“Cuando se anotaba la partitura, el artista quería agregarle algo más al texto para que no fuera un mero libro funcional, sino algo bello. Así surgieron los manuscritos iluminados. En cuanto a las ilustraciones relacionadas con el tiempo navideño los autores se inspiraban sobre todo en los primeros dos capítulos del Evangelio de San Mateo y San Lucas donde se habla de la infancia de Jesús”.

Ilustraciones con motivos navideños de los viejos manuscritos procedentes del período entre los siglos XIV y XVII se exponen estos días en el Museo Nacional, en Praga. En la pequeña muestra, que fue titulada ´Nobis est natus´ –´Nos ha nacido´–, se pueden ver imágenes del Nacimiento de Jesucristo y la Adoración de los Reyes Magos, dos representaciones más conocidas de la Navidad, según explica Marta Vaculínová, de la Biblioteca del Museo Nacional.

“Al visitante le puede extrañar que la representación de la escena clásica de la Navidad no haya cambiado mucho en todo ese tiempo. Las ilustraciones antiguas del nacimiento, con María, José y el Niño Jesús en un pesebre o en el regazo de la Virgen, rodeados de animales en un establo, se parecen mucho a las imágenes que conocemos hoy”.

Al lado de las iluminaciones expuestas aparecen letras de viejos villancicos navideños, que seleccionó Dagmar Štefancová, del Museo de Música Checo.

“Las canciones suelen ser más antiguas que su anotación. Suponemos que las raíces de algunos de los cantos navideños se remontan al siglo XII, no obstante, las anotaciones más antiguas que se han conservado provienen de finales del siglo XIV. El Manuscrito de Vyšší Brod, del año 1410, el Cancionero de Jistebnice, del año 1420, el Cancionero de Franus, del año 1505, son algunos de los numerosos manuscritos donde están registrados villancicos”.

El Cancionero de Jistebnice es una colección de canciones medievales en latín y en checo que permite echar un vistazo al canto litúrgico de los husitas. Fue encontrado en el año 1872 en el desván de la parroquia de Jistebnice, cerca de Tábor, en Bohemia del Sur, por el estudiante Leopold Katz.

Katz, que se convirtió posteriormente en uno de los mayores mecenas de la Academia Checa de Ciencias y del Arte, informó sobre su hallazgo a su profesor de filología clásica. Éste mostró el manuscrito al historiador František Palacký, que inmediatamente descubrió su valor.

El sacerdote de Jistebnice Josef Schuller dedicó después la obra al Museo Nacional de Praga donde se encuentra hasta la actualidad.

En el Cancionero de Jistebnice aparece un villancico que se convirtió en un verdadero éxito medieval. La canción Dies est letitiae (Llegó el día alegre), probablemente de origen checo, se divulgó prácticamente por toda Europa.

Al preparar la exposición en el Museo Nacional de Praga, Dagmar Štefancová reestrenó también canciones que por poco quedarían olvidadas para siempre.

“Son canciones de fechas más recientes. En Stupet primogeniti natura aparecen más bien citaciones en checo de algunos villancicos, y Ave fuit prima salus es una canción mariana que se interpretaba en las misas de Adviento”.

Algunas de las letras de las canciones navideñas vienen en latín, otras en checo, algunas tienen las dos versiones y es difícil estimar cuál surgió primero.

Quizá el más conocido de los villancicos checos antiguos es Nació el Señor Jesucristo (Narodil se Kristus Pán). Su letra aparece en el Cancionero de Franus, de 1505, surgido en Hradec Králové, en Bohemia Oriental.

Dagmar Štefancová, del Museo de Música Checo, descubrió una curiosidad vinculada con esta canción, muy popular entre los checos hasta la actualidad.

“La canción se mantiene fiel a la letra original, pero en algunos manuscritos viejos en la cuarta estrofa donde nosotros cantamos hoy Goliáš está despojado, aparece Beliáš está despojado. Beliáš es una expresión alterada de la palabra Beliál, que significa diablo, canalla, maleante”.

De las iglesias los villancicos pasaron pronto a la calle junto con los villanciqueros que recorrían las casas pidiendo aguinaldos. Todavía en el siglo XX andaban por las aldeas grupos de villanciqueros con un pequeño pesebre y presentaban escenas sencillas sobre el nacimiento del Niño Jesús en la ciudad de Belén.

En el territorio checo la tradición de los pesebres, como también la de las canciones navideñas, tiene su origen en las iglesias. De allí los belenes se trasladaron a los hogares donde echaron raíces profundas. La ´responsabilidad´ de ello corre a cargo del emperador José II, quien en el año 1780 prohibió exponer nacimientos en las iglesias, según explica Milan Zábranský, presidente de la Asociación de Pesebristas Checos.

“Él era una persona muy religiosa y pensaba que los nacimientos abstraen a los creyentes y los alejan de Dios. Así que los pesebres estuvieron desterrados de las iglesias por varios años hasta su muerte en 1790. Sin embargo, a la gente le gustaba esta tradición tanto que querían tener su propio belén en casa. El que sabía talló uno en madera, el que no sabía lo compró”.

De los pesebres de madera instalados en la época de antaño en las iglesias se conservaron muy pocos, agregó Milan Zábranský.

“Lamentablemente el gusto de los feligreses fue cambiando. Dijeron, esto no es moderno, lo vamos a botar, y pusieron el pesebre de madera en el desván y compraron un nuevo de yeso pintado. Estimo que de los belenes eclesiásticos realmente antiguos se conservaron en la República Checa apenas unas decenas, pero debe haber existido centenares”.

El más antiguo de Bohemia se encuentra en la iglesia de San Vito, en Kostelec nad Labem, y procede probablemente de la primera mitad del siglo XVII.

Uno de aquellos aficionados que manejan el arte de hacer belenes, es Jan Roda, también miembro de la Asociación de Pesebristas Checos. Uno de sus nacimientos, tallado en madera de tilo, se expone estos días en el Castillo de Praga. El autor reveló que le tomó un año labrar las figuras, de aproximadamente medio metro de altura.

Jan Roda se dedica al pesebrismo desde hace 30 años y confiesa que sin el apoyo de su esposa no sería posible. Actualmente se concentra en documentar la historia de los nacimientos en las iglesias de la diócesis de České Budějovice, en Bohemia del Sur, pero sus belenes favoritos son los caseros de la región de Šluknov, el rincón más septentrional de Bohemia en el límite con Alemania.

Proceden de las postrimerías del siglo XIX y fueron realizados en el estilo del romanticismo. Lamentablemente, también la mayoría de estos nacimientos originales se echó a perder, según explica Jan Roda.

“Terminó la Segunda Guerra Mundial y se ajustaron las cuentas con la población alemana. En esa época se decía que lo que era alemán, era malo y por eso se destruía. Y como en los Sudetes, la franja boscosa y montañosa a lo largo de nuestras fronteras, el pesebrismo estaba muy arraigado, lógicamente se destruyó una gran cantidad de nacimientos. Los alemanes tuvieron que irse del país con un equipaje de unos pocos kilos de peso. Y se dice que se llevaron los belenes o, por lo menos, la Sagrada Familia. Después sus casas fueron saqueadas”.

En cada región de Bohemia y Moravia y en cada época los belenes se destacaban por unos rasgos peculiares. En Praga, hace cien años, eran muy populares los pesebres con marionetas, como precisa Jan Roda.

“En la segunda mitad del siglo XIX no existían cines, la oferta de diversión estaba limitada, así que por Navidades se presentaban espectáculos de marionetas en teatros, así como en casas, comercios o incluso en tabernas. Muchas veces la obra sobre el nacimiento del Niño Jesús se convirtió en un espectáculo burlesco sin límites”.

Otra especialidad checa son los belenes publicitarios de los años 30 del siglo pasado. Para apoyar las ventas la empresa se hacía imprimir un calendario con pesebres de papel para cortar. Los regalos que los Reyes Magos y otros personajes traen al Niño Jesús son jabón, café u otro producto de la empresa en cuestión y lucen también su marca.

Con motivo de estas fiestas de Navidad, la Asociación de Pesebristas Checos editó un calendario de este tipo.

Los realizadores populares de belenes de Bohemia y Moravia crearon su propio mundo. El paisaje palestino les pareció demasiado aburrido y las ovejas negras de Judea no se presentaban tan bien en el pesebre como su variante doméstica de color blanco. Así que la escena del nacimiento de Jesucristo recordaba a menudo la aldea o ciudad natal del autor y además cubierta por la nieve.

Los belenes checos son conocidos en el mundo, afirma el presidente de la Asociación de Pesebristas Checos, Milan Zábranský, quien mantiene contactos con pesebristas de EE.UU. y Canadá.

“Allí es otra cosa, no tienen esta tradición como nosotros. No quiero calumniarlos, pero ellos andan más bien a la caza de belenes compitiendo quién tendrá más. Se enorgullecen, yo tengo quinientos, seiscientos, ¿cuántos tienes tú? Coleccionan pesebres del mundo entero. Publican la revista Creche Herald donde incluso tienen un espacio titulado Hunting, lo cual significa caza de pesebres, y allí describen qué y dónde lo compraron, cuánto costó, etc.”.

Milan Zábranský agrega que en América del Norte los belenes son el asunto de damas de edad que tienen dinero y no tienen nada que hacer, así que se dedican a la caridad o coleccionan pesebres.

También en la República Checa la afición a los nacimientos es más bien el terreno de personas mayores, sobre todo en cuanto a la teoría y el coleccionismo se refiere, pero entre los artistas ya van apareciendo nuevas generaciones, según especifica el presidente de la Asociación de Pesebristas Checos.

“Nos reunimos nueve o diez veces al año, cada mes excepto las vacaciones. Siempre intentamos organizar una conferencia. Yo, por ejemplo, estuve en Nápoles, así que hablé sobre los nacimientos de esta ciudad italiana que es la cuna de los belenes. Significa que tratamos de ampliar nuestros conocimientos un poco y luego intercambiamos belenes, postales o sellos vinculados con el pesebrismo”.

Las actividades culminan cada año en la época navideña cuando la Asociación de Pesebristas Checos organiza varias exposiciones donde sus miembros presentan las joyas de sus colecciones y otros belenes.

Elegir los nacimientos para la exposición es siempre muy difícil. Cada pesebre es bonito porque fue creado con amor y festeja el milagro del nacimiento de una nueva vida, coinciden los pesebristas.

¿Han escuchado, estimados oyentes? Con gran impaciencia esperan los niños checos el 24 de diciembre por la noche el tintín de la campanilla. Anuncia que ha llegado el Niño Jesús y ha puesto sus regalos bajo el árbol navideño. El padre de familia abre la puerta a la sala de estar y los pequeños pueden entrar. Empieza una de las fiestas más populares del año, la Nochebuena.

Poca gente sabe hoy día que las campanillas navideñas aluden a fenómenos sobrenaturales.

Según la leyenda, en Nochebuena empiezan a repicar las campanas de todas las iglesias y capillas derrumbadas, se abren las tumbas y los muertos se despiertan a la vida por una hora.

También se abren las montañas y permiten a la persona justa que ha encontrado en la nieve una “flor azul” bajar a las puertas del mundo de los muertos donde están guardados tesoros valiosos que cualquiera puede tomar. Pero ¡desgraciados los que se hayan dejado llevar sólo por el anhelo de riqueza y poder! Al volver a la tierra envejecerán, su pelo se convertirá gris y no encontrarán tranquilidad sino en la iglesia donde a la hora de la primera misa de la mañana se descompondrán en polvo.

Las campanillas que colgamos como adornos en el árbol navideño deben proteger nuestros corazones de la avaricia y recordarnos que hay un tesoro más valioso que todas las piedras preciosas y el oro: el alma humana, el amor y la compasión.

Este programa especial de Radio Praga concluye.

Nos despedimos de ustedes deseándoles felices fiestas de Navidad y para terminar entregamos otra vez la palabra al vicario Filip Zdeněk Lobkowicz.

“Qué sepamos vivir estos días en el silencio y la admiración hacia lo que alcanzaron a hacer nuestros antepasados. ´Nos ha nacido´. ¡Qué siga este conocimiento llenándonos con alegría y también esperanza para el futuro!”.

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