Uno de los países menos creyentes del mundo

Aparentemente no se nota, pero está ahí. Muchos hispanohablantes tienen que pasar de una sociedad donde la religión está presente en el aire, donde se bebe, se mama y forma parte de todas las fiestas y celebraciones, al mundo descreído y laico de la República Checa.

Cuando el turista llega a Praga o a cualquier otra ciudad checa podría pensar que sus gentes son extraordinariamente religiosas, dado el elevado número de iglesias que se alzan por todas partes en el centro histórico. Nada más lejos de la realidad. Los checos perdieron la fe en los derroteros de la historia y hoy día un tercio de la población se considera agnóstico, una de las cifras más altas del mundo, mientras que otro tercio, aunque cree en algo, no se considera dentro de ninguna religión.

A Felipe Martínez, colombiano, le llama mucho la atención la laicidad de las celebraciones en la República Checa, como por ejemplo la Navidad.

“El tema religioso nunca está en primera mano y eso hace que la forma de interactuar con la gente sea distinta. Y esas celebraciones, como la Navidad, que tiene mucho que ver con la religión a nivel mundial, aquí, por más que sale el niño Jesús que me trae los regalos, no tiene esa conexión, y se vuelve muchísimo más familiar”.

Por otro lado, en una sociedad tan laica, el que es creyente lo es por convicción y no por costumbre o por creer en algo, como pasa en muchas ocasiones en los países hispanos. Es la opinión de Miguel Ángel Germán, de República Dominicana.

“Si ves los religiosos, que son muy pocos, son realmente religiosos. Son incluso más correctos que los religiosos en nuestras sociedades. Cuando veo cómo se comportan las personas religiosas aquí, comparando con muchos de nuestros religiosos, de verdad, los admiro”.

Por supuesto no es lo mismo en las ciudades que en el campo, y en la región de Moravia la gente suele ser más creyente que en Bohemia. Pero en general no es común encontrarse con el punto de vista de la Iglesia en los medios de comunicación ni tampoco parece que el hecho religioso marque la cotidianidad de la mayoría de los checos. Una realidad realmente curiosa si la comparamos con países de cultura e historia similares, como Polonia o Eslovaquia, bastante más creyentes que el resto de Europa.