Los celtas conquistan el Museo Nacional

Una nueva exposición del Museo Nacional Checo explora la civilización celta no solo con hallazgos arqueológicos, sino también con reproducciones de objetos, vestimenta y hasta recetas de cocina.

Foto: ČTK/Krumphanzl MichalFoto: ČTK/Krumphanzl Michal Foto: ČTK/Krumphanzl MichalFoto: ČTK/Krumphanzl Michal La civilización celta abarcó en su día territorios europeos desde la actual Turquía a las islas británicas o la Península Ibérica, incluyendo lo que hoy en día es la República Checa. Aunque la opinión general durante el siglo XX era que los celtas de esta zona formaban parte de la periferia cultural y geográfica, los numerosos hallazgos de las últimas décadas confirman que, todo lo contrario, la cultura celta local fue de gran importancia, hasta que fue desplazada por los germanos en torno al siglo II a.C.

No es de extrañar por tanto que desde el Museo Nacional de la República Checa se haya decidido finalmente a organizar una gran exposición dedicada a este pueblo. La muestra, denominada simplemente ‘Los Celtas’ (‘Keltové’), recopila de forma intensiva todo lo que sabemos sobre esta cultura, incluyendo artefactos encontrados en toda Europa y muy especialmente en Chequia.

La vida cotidiana celta, resucitada

Lejos de ser una mera serie de anillos, monedas y puntas de flecha puestas tras las vitrinas, la exposición trata de acercar al visitante al aspecto real que presentaba la cultura celta. Por ejemplo, a partir de los yacimientos en territorio checo, y parcialmente de los países colindantes, se han creado para la ocasión toda una serie de reproducciones de joyas y complementos celtas, explica una de las diseñadoras de la muestra, Viktoria Čisťáková.

“Hemos intentado hacer para nuestros visitantes una selección interesante que incluye joyas y sus reproducciones. Para cada joya, ya sea una hebilla, un pendiente o una aguja, hemos hecho una reproducción lo más fiel posible. De esta manera uno se puede hacer una idea de cómo lucían realmente en su época”.

Diversos maniquíes permiten apreciar además cómo se vestían los celtas de la zona. De acuerdo con Čisťáková, toda esta labor se ha hecho tratando de ser lo más fiel posible a las fuentes disponibles.

Foto: ČTK/Krumphanzl MichalFoto: ČTK/Krumphanzl Michal“En base a hallazgos arqueológicos de cosas como hebillas o brazaletes podemos reconstruir los objetos, y hay además fuentes iconográficas, hay imágenes hechas en la época del Imperio Romano. Incluso a base de telas que se han conservado podemos reproducir de forma aproximada la vestimenta que llevaban. La ropa la hemos hecho a partir de unos tejidos encontrados en territorio austriaco, concretamente en las minas de Dürnberg, donde se ha conservado material orgánico. La ropa aquí mostrada se complementa con una toca ricamente decorada con un bordado, reconstruida a partir de otro yacimiento situado en Eslovaquia”.

Aunque posiblemente resulte más fascinante introducirse en un auténtico hogar celta, o al menos lo más auténtico posible. Los visitantes pueden entrar e interactuar libremente con el mobiliario y los objetos de uso cotidiano.

“Esta casa la hemos construido según el aspecto que tenían en los siglos I o II antes de Cristo, es decir, hasta la época de los oppida. Pueden apreciar un antiguo telar que sigue siendo funcional. Hay también utensilios para trabajar la lana, que son bastante interesantes, y lo hemos complementado con varias réplicas de recipientes de cerámica que han sido hallados en nuestro territorio. Es una mirada a un hogar celta”.

La construcción es relativamente pequeña y arroja interrogantes sobre cuál era el tamaño de una familia celta. Con una esperanza de vida de 35 años en el caso de las mujeres y de cinco más para los hombres, es de suponer una elevada mortalidad infantil y una gran escasez de ancianos.

Quizás el mayor ejercicio de creatividad haya sido el deducir no solo la dieta de los celtas, sino incluso que tipos de platos pueden haber degustado. A partir de las prospecciones arqueológicas se sabe que en lo que hoy es Chequia los celtas cultivaban sobre todo trigo y cocían pan, y que complementaban su dieta con miel, frutas y, más raramente, carne. Los visitantes de la exposición pueden ver en vídeo la preparación de algunas recetas celtas, tal como las han imaginado los organizadores, y tratar luego en casa de reproducir esta cocina de hace 2.500 años.

El público puede admirar asimismo restos arqueológicos y reproducciones de herramientas agrícolas, armas, utensilios de pesca, cubiertos metálicos, y hasta un horno para hacer pan. Foto: archivo del Museo NacionalFoto: archivo del Museo Nacional

Nada de bárbaros

Foto: archivo del Museo NacionalFoto: archivo del Museo Nacional La imagen general que se tiene de los celtas es la dada por sus conquistadores, los romanos, que los consideraban un pueblo bárbaro. Si bien es cierto que la civilización romana era más avanzada en muchos aspectos, sería un error ver a los celtas como una cultura subdesarrollada.

Una prueba de su sofisticación es por ejemplo el uso extendido de monedas, explica uno de los autores de la exposición, Pavel Sankot.

“Surgió la necesidad del comercio organizado, de un intercambio organizado. Esto queda evidenciado por la abundancia de monedas en los yacimientos. Se trata de las formas de pago documentadas más antiguas halladas en territorio checo. Se hacían siguiendo el modelo griego, y las mostramos según su tipo para poder seguir su desarrollo desde los primeros prototipos hasta la cumbre de la expresión artística celta”.

Los celtas que vivían en el actual territorio checo formaban parte del área más desarrollada de esta civilización, como prueba además el que se hayan encontrado en los yacimientos objetos fabricados en el Báltico o en el norte de África, lo que demuestra que la zona era atravesada por diversas rutas comerciales.

Además, la fase tardía de los celtas, la llamada de los oppida, caracterizada por la existencia de asentamientos complejos y fortificados con división del trabajo, se manifestó de pleno en este territorio, sigue detallando Sankot.

“Los asentamientos más extensos son los de Závist, cerca de Praga, Třísov, cerca de Český Krumlov, y sobre todo el de Stradonice, que es comparado con los oppida más importantes de toda Europa en esa época, y su yacimiento muestra toda la amplia escala de su cultura material”.

Foto: archivo del Museo NacionalFoto: archivo del Museo NacionalUna de las estrellas de la exposición, y que sirve de imagen para la publicidad de la muestra, es la cabeza de piedra de Mšecké Žehrovice, considerada el hallazgo arqueológico más importante de la colección del Museo Nacional y una de las piezas de arte celta más importantes.

Su existencia es prueba no solo del alto desarrollo de los celtas locales, sino también de que esta sociedad contaba ya con una clase política concreta.

“Esta reúne en sus atributos: el collar, el modelado del cabello, etc., la pertenencia de ese sujeto no solo a la élite gobernante, sino concretamente a la élite encargada del servicio religioso. Se puede decir que es probablemente una representación de un druida. Se trata de una élite que controlaba la producción, la distribución, y en base a su posición económica y material podía determinar tendencias decisivas en esa sociedad”.

Curiosamente aunque la fase de los oppida, que estaban cerca de ser ciudades, fue el apogeo de los celtas, también fue su ocaso. Algunas teorías sostienen que pusieron la economía de las sociedades celtas al límite, por lo que no pudieron resistirse, por un lado, a la expansión del Imperio Romano, y por otro a la competencia de otros pueblos, como en el caso del Centro de Europa, los germanos.

Lo que ahora es Bohemia fue de hecho el escenario del desplazamiento de los celtas por parte de los germanos, y durante una época asentamientos de uno y otro pueblo compartieron el territorio.

La exposición ‘Los Celtas’ se prolongará en el edificio nuevo del Museo Nacional hasta el 24 de febrero de 2019.