La Aventura del Progreso Un túnel “checo” en el círculo polar ártico cambia la vida de dos pueblos islandeses
Dos pequeñas localidades islandesas vivieron hasta este año aisladas cada vez que nevaba, lo que, como es sabido, no es raro en Islandia. Dos túneles realizados por la empresa checa Metrostav han acabado con el problema, pero la bancarrota de la isla en 2008 la han terminado pagando cara los checos.
Foto: Metrostav
Dos túneles, uno de cuatro y otro de siete kilómetros de largo, excavados
en los fiordos islandeses. Se trata del mayor proyecto realizado por la
constructora Metrostav fuera de la República Checa. La empresa es más
famosa últimamente, a su pesar, por los frecuentes accidentes y
derrumbamientos en el túnel Blanka, en Praga, que el día que lo logren
concluir será el túnel urbano más largo de Europa, con siete kilómetros
de distancia. Con muchos menos problemas en su construcción, el que ya une
los pueblos de Ólafsfjördur y Siglufjördur, en el norte de Islandia, a
pocos kilómetros del círculo polar ártico, fue inaugurado hace pocos
meses. Aunque los checos siguen trabajando allí, como cuenta el ingeniero
de Metrostav Josef Malknecht.
Foto: Metrostav
“Los trabajos ya están casi finalizados. Queda terminar la instalación
eléctrica, por ejemplo la iluminación de la bahía. Luego solo quedará
por hacer algunos movimientos de tierra en el exterior del túnel”.
En lo económico, sin embargo, este túnel también le ha traído a Metrostav más de un dolor de cabeza. Ganó el concurso público en 2006 gracias a un proyecto presentado junto a la empresa local Háfell e imponiéndose a otros seis participantes de otros países. Pero la mayor obra de la empresa checa en el extranjero se convirtió a partir del verano de 2008 en una fuente de incalculables pérdidas. La bancarrota de Islandia devaluó la moneda en la que habían financiado la construcción. El jefe de obra checo en Islandia, Ermín Stehlík, lo explica así.
Foto: Metrostav
“El concurso público lo ganamos evidentemente porque éramos los más
baratos. Pero fuimos pagados en coronas islandesas, y nuestras compras
fueron todas en coronas noruegas o en euros. Así que con la caída de la
corona islandesa, las matemáticas nos hicieron un buena faena”.
La empresa aún no ha establecido exactamente a cuánto ascienden las pérdidas por este proyecto, pero se habla ya de millones de euros.
En todo caso, en Islandia pueden estar contentos. Los dos túneles, uno casi al lado del otro, y que suman unos 11 kilómetros, ha cambiado la vida a los habitantes de Ólafsfjördur y Siglufjördur, como sigue contando Ermín Stehlík.
Foto: Metrostav
“Estamos arriba, en el norte de Islandia, donde en el mapa se pueden ver
como tres dedos, son los fiordos, y hemos unido estos dos pueblos con dos
túneles. Una de las razones por las que se han hecho es porque en invierno
la carretera que hay entre los dos muy a menudo es intransitable, y para ir
de uno a otro hay que hacer 260 kilómetros, cuando la distancia en línea
recta es de 10 kilómetros”.
La naturaleza islandesa no ha puesto las cosas fáciles a los trabajadores checos. En un país famoso por sus aguas subterráneas y géiseres, construir un túnel semejante supone un gran reto, según explica Josef Malknecht.
Foto: Metrostav
“El mayor problema son las fuertes corrientes de agua, que corren en
grandes cantidades, a mucha presión y por muchos lugares. No solo nos
afectan las corrientes de agua que salen de entre las piedras, sino
también las de la superficie. Hemos aislado los lugares por donde pasaban
las corrientes, antes de que excaváramos el túnel, lo que quiere decir
que pueden aparecer por otro lugar, pero pensamos que no debería hacerlo
de una forma, digamos, problemática”.
El túnel Blanka de Praga, supuestamente mejorará el tráfico de la
capital, y lo disfrutarán millones de personas cuando se termine. Los dos
de Islandia han sido construidos para muchísimas menos personas, las menos
de mil del pueblo pesquero de Ólafsfjördur, y una cantidad poco mayor en
la localidad agrícola de Siglufjördur. Sus necesidades, sin embargo, eran
de las más básicas, cuenta una habitante local.
El túnel Blanka de Praga, foto: TunelBlanka.cz
“Ahora podemos ir pase lo que pase al hospital, por ejemplo, lo que es bastante importante. Yo tengo además un restaurante, y lo he notado mucho porque tengo más clientes. Antes, cuando nevaba ya no podíamos ir a ningún lado”.
La construcción del túnel forma parte de los esfuerzos del Gobierno para
que sus habitantes no abandonen las dos poblaciones y emigren a ciudades
mayores como Akureyri o la capital Reikiavik. Recientemente incluso se
unieron bajo una sola municipalidad, llamada Fjallabyggd. Pero ahora que el
túnel ha acabado con la distancia y el aislamiento entre las dos, el
problema del que hablan sus habitantes es la vieja rivalidad que mantienen
entre ellos.





