Del archivo del programa Un Mundo de Diferencias
Esas escaleras de metro que bajan casi hasta el infierno
No sólo a los hispanohablantes que visitan la República Checa les
sorprende que las escaleras mecánicas del metro capitalino sean tan
profundas y vayan tan rápido, a una velocidad casi de vértigo.
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Nunca botar las botellas vacías de cerveza
En la República Checa, a diferencia de España, las botellas vacías de
cerveza son retornables y pueden ser canjeadas por dinero en las tiendas y
supermercados, aunque hay que aprender primero cómo funciona el sistema.
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Todos los fines de semana a la casa de campo, pero no a descansar
Calles vacías, comercios cerrados, pocos vehículos en las principales
avenidas, casi nada de gente. Esa es la característica que predomina en
los barrios residenciales de Praga los fines de semana. ¿Razón? Los
checos prefieren irse a sus casas de campo.
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Los perros tienen casi tantos derechos como las personas
Amores Perros, el aclamado filme mexicano, es un vivo reflejo de la
crueldad con que, a veces, se trata al mejor amigo del hombre en los países
hispanohablantes. En la República Checa el perro es casi una persona más:
viaja en bus o en tranvía y hasta se va de copas.
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Regla número uno: sacarse siempre los zapatos
Lo primero que le llama la atención a un hispanohablante cuando visita un
hogar checo es que todas, absolutamente todas las personas se sacan los
zapatos y andan por casa en pantuflas, en calcetines o, incluso, a pie
pelado.
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